La solución a los conflictos familiares no está en Código Civil ni en los Juzgados de Familias

 

Entre junio y septiembre de 2018, las separaciones y divorcios, tanto de mutuo acuerdo como contenciosos se redujeron de media un 2,4 por ciento en toda España con respecto al mismo trimestre de 2017, según los datos publicados este miércoles por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).

En concreto, se produjeron 12.249 demandas de divorcio consensuado, un 2,4 por ciento menos, y 8.566 demandas de divorcio no consensuado, lo que representa un 1,8 por ciento menos.

Del mismo modo, las 644 separaciones consensuadas representan un 5,7 por ciento menos y las 303 sin mutuo acuerdo, un  13,7 por ciento menos que las del tercer trimestre de 2017.

Estos datos nos reflejan, que aparentemente hay una disminución en la interposición de demandas de divorcio pero la realidad no es así ya que estos datos hay que interpretarlos junto a otros datos como los publicados por el INE respecto a la media de matrimonios anuales celebrados entre los años 2000 y 2008 y que fue de 200.000 mientras que los divorcios en estos mismos años aumentaron de 37.743 en el año 2000 a 125.777 en el 2007.Desde ese año las cifras tienden a decrecer,pero también en los matrimonios.  En el año 2017 se celebraron 173.625 matrimonios, cifra considerablemente inferior que lógicamente se traslada en un decrecimiento de los procedimientos de divorcio o separación.

 

Crece la judicializacion de las relaciones familiares

Estos datos nos llevan a un fenómeno fácilmente constatable: la creciente judicialización de las relacionas familiares. Sus causas son múltiples, aunque convergen en la creencia equivocada de muchas familias en crisis de que la solución de su conflicto está en el Código Civil y en el juzgado de familia.

La consecuencia de todo ello son juzgados desbordados, desnaturalizados y una insatisfacción generalizada de usuarios y profesionales sobre el resultado final obtenido. Las desmesuradas esperanzas puestas en el juez de familia se ven defraudadas con frecuencia.

Concretamente, la mediación fomenta el diálogo, pacifica el conflicto y facilita que los propios interesados busquen la solución a sus discrepancias; en definitiva, puede dar una respuesta al conflicto familiar de más calidad que el frío texto de una resolución judicial.

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