La solidaridad familiar en las pensiones de alimentos

 

Solidaridad Familiar

Prestar alimentos entre parientes

A diferencia de cualquier seña de identidad humana –hay, por ejemplo, millones de americanos, millones de abogados o de médicos, millones de ganaderos-, las identidades familiares son, por el contrario identidades muy personales, exclusivas e irrepetibles. Somos “este” hijo, sólo éste y no otro y tenemos “este” padre y “esta” madre, sólo éstos y no otros. Somos “este” hermano de nuestros hermanos o “este” abuelo o abuela de “éstos” nietos. Este es, por consiguiente, el matiz que hay considerar antes de entrar en el fondo de la cuestión Que nuestras relaciones familiares, son aquellas que componen nuestra singular e irrepetible identidad personal.

El ser humano es un ser de naturaleza familiar

Podemos decir, en consecuencia, que la arquitectura íntima de cada uno de nosotros, como personas humanas irrepetibles, es una arquitectura familiar. Por eso, el ser humano es un ser de naturaleza familiar. No podemos ser “este” hijo o “este” padre o “esta” madre aislados, en soledad, a solas con nosotros mismos. Nadie puede ser padre sin un hijo, ni este padre sino en conexión con éste hijo. Cada uno de nosotros puede ser hijo en tanto  que tiene un padre y una madre.

Por eso, lo que somos en familia –marido, mujer, padre, madre e hijos, hermanos, abuelos y nietos-, lo somos los unos en y por los otros. Lo que somos, como familiares, lo somos porque estamos juntos y no podemos serlo por estar separado. Este aspecto es muy importante. Nuestras identidades familiares, en realidad, son relaciones de “unión” y se viven en “comunión”. Somos en familia lo que somos por ser y vivirnos unidos. En realidad, las identidades familiares son co-identidades. Es decir, en todos los distintos lazos familiares hay una peculiar unión. Por ella y en ella somos y nos realizamos juntos: “en comunicación de nuestro ser y nuestro obrar”. Se explica así que la unión sea el principal bien de la familia y al contrario, la desunión y desintegración su principal mal.

La propia ley natural nos traslada que no se puede abandonar a su suerte a un hijo que necesite ayuda como tampoco puede un hijo abandonar a sus padres cuando les necesiten por razón de su edad.

Por eso, y por una sagrada ley natural, un hijo no debería nunca reclamar fuera de su hogar que se le reconozca un derecho de alimentos que por la propia naturaleza de las cosas no es que le pertenezca por ley, sino que cualquier progenitor le va a dar por la propia naturaleza de la relación. Cualquier padre o madre hará y haría lo que fuera necesario por sus hijos, y, ni aunque cumpliera 50 años, si este hijo lo necesitara le seguiría ayudando hasta que al padre o madre le quedaran fuerzas suficientes para hacerlo. Y la misma regla se aplica a la inversa de los hijos respecto a sus padres y madres cuando estos se hacen mayores y necesitan el cuidado y ayuda de sus hijos que aquellos les dispensaron cuando lo precisaron. Hasta el punto de que en ambos casos no debiera ser preciso que ningún juez tuviera que obligar a ambos a ayudarse mutuamente en sus distintas etapas de la vida. Porque la propia ley natural ya les traslada que es algo consustancial a la condición humana. Y de la misma manera que no se puede abandonar a su suerte a un hijo que necesita ayuda, estos no pueden hacerlo con sus padres cuando les necesitan por razón de su edad.

Entrando en el tema de hoy, cuando hablamos de la obligación de prestar alimentos, ello supone prestar todos aquellos medios necesarios para la subsistencia de una persona, relativos no solo a la alimentación propiamente dicha sino a todos los  demás aspectos de la vida en general, de esa persona

 

¿En qué consiste la obligación de prestar alimentos?

 

Por alimentos se entienden todos aquellos medios necesarios para la subsistencia de una persona, y que comprende no sólo los relativos a la alimentación propiamente dicha, sino también a todos los aspectos de la vida en general, incluidos por supuesto, los de educación.

La prestación de alimentos es, en consecuencia, la satisfacción por una persona, a favor de otra, de los medios necesarios para la subsistencia de ésta. Entendiéndose que la deuda alimenticia es la obligación que tiene una persona, bien por ley, o por negocio jurídico inter vivos o por testamento o la prestación de alimentos a otra persona.

En cuanto a la naturaleza de la obligación de alimentos entre parientes, la misma se encuadra dentro del ámbito familiar, por lo que no se agota por el simple cumplimiento, y aunque efectivamente tiene un contenido económico y su cumplimiento puede consistir en la entrega de una cantidad de dinero, su finalidad prevalente es la de protección de la vida de un familiar, lo que comporta que pueda ser calificada como de naturaleza no patrimonial.

 

La prestación de alimentos se puede cumplir de diferentes formas, entre las que destacamos las siguientes:

 

  1. Mediante el cumplimiento del deber personal y recíproco de los cónyuges de socorrerse mutuamente, establecido en el artículo 68 del Código Civil.
  2. Mediante el ejercicio de la función de la patria potestad, según el artículo 154 del Código Civil.
  3. Cuando la persona que recibe una donación negare indebidamente los alimentos al donante, este podrá revocar la donación según el artículo 648.3º del Código Civil
  4. Mediante un negocio jurídico, bien inter vivos bien mortis causa, que fije la prestación de alimentos.
  5. Mediante el cumplimiento de la obligación legal de los alimentos entre parientes.

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