El proceso de duelo en los divorcios

Consecuencias del divorcio en la familia


Cuando se produce la ruptura de la pareja, cada persona que conforma la familia, ha de elaborar su proceso de duelo, que ha de cerrarse con la asunción y adaptación a la nueva organización familiar. Así, la familia no desaparece, sino que surge una nueva estructura y organización, que cada miembro de la pareja ha de entender, asimilar, aceptar y aprender a gestionar. Ocurre que, en ocasiones, cada uno de los miembros de la pareja tiene su propio ritmo, pudiendo encontrarse en fases diferentes. Superar la ruptura de la pareja, para algunas personas no es tarea sencilla; sin embargo, es una exigencia como progenitores. Cada uno de ellos ha de asumir la nueva estructura y ha de transformarse para dar continuidad a las funciones parentales encaminadas a la cobertura plena de las necesidades de los hijos/as. En estas circunstancias, es habitual que los progenitores, uno o ambos, precisen de ayuda profesional.
El proceso de separación, divorcio, o ruptura de pareja se desarrolla en el tiempo. La mayoría de los autores asumen tres fases principales que seguidamente expondremos, deteniéndonos en los sentimientos y comportamientos característicos (Fariña, Martinón, Arce, Novo y Seijo, 2016) de las diferentes fases propuestas en el modelo de Kaslow (2013)

 

1ª Pre-divorcio (Pre-ruptura)

En esta fase es propio el divorcio emocional, y se pueden diferenciar en ella dos fases. En la primera se suelen manifestar sentimientos tales como desilusión, insatisfacción, alienación, ansiedad o desconfianza. Y se suelen presentar comportamientos de llanto, de evitación del tema, peleas y discusiones frecuentes con el otro miembro de la pareja. En la segunda fase, superada la primera, es común que las personas tengan sentimientos de desesperación, temor, angustia, ambivalencia, vacío, ira, caos, inadecuación, baja autoestima, pérdida, depresión o distanciamiento. Los comportamientos que acompañan a estos sentimientos suelen ser retraerse física y emocionalmente, o bien mostrar externamente que todo está bien o buscar asesoramiento y apoyo en familiares, amigos u otras personas.

 

2ª Durante el divorcio


Esta fase implica un período más o menos largo en el que se resuelven fundamentalmente cuestiones legales. Consta de cinco subfases:

 

I. Divorcio legal


Acompañado generalmente de sentimientos de autocompasión o indefensión. Pueden ser característicos de esta fase reacciones tales como intentos de suicidio, consulta con abogado o mediador matrimonial, o acudir a un terapeuta y ponerse a tratamiento.


IIDivorcio económico

 

Lleva aparejados sentimientos de confusión, furia, tristeza o soledad. En esta fase se deciden las cuestiones relacionadas con el plan de parentalidad a llevar a cabo; pero a la par se valoran las cuestiones económicas, las cuales, en muchas ocasiones, interfieren los acuerdos sobre cómo organizar los tiempos de estancias y comunicación de los hijos/as con los progenitores.


III. Divorcio coparental.

 

Es bastante común que surjan pensamientos y sentimientos sobre el papel parental que van a desempeñar en el futuro, destacando la preocupación por los hijos y el miedo a perderlos, o que su capacidad para ejercer su rol parental disminuya. Las reacciones más significativas son el llanto, el buscar apoyo en la familia y el círculo de amistades o, en el caso de estar desempleado/a iniciar la búsqueda de empleo.

IV. Divorcio social o comunitario.

 

Los sentimientos específicos que lo caracterizan son la indecisión, la esperanza, la resignación, la excitación, la curiosidad, y la tristeza; obviamente no todas las personas los experimentan. Son comportamientos frecuentes la búsqueda de nuevas amistades, actividades y estilos de vida.

V.Divorcio espiritual o religioso.

 

Este se produce sólo en aquellos casos que exista en la persona un compromiso religioso. En ella se busca que la comunidad religiosa a la que pertenece acepte y apruebe la separación. Lo que puede conducir a una práctica religiosa más activa y comprometida.


3ª Post-divorcio.

 

Se trata de una fase de reequilibrio en la que tiene lugar, si no se ha producido antes, el divorcio físico. Si el proceso ha evolucionado adecuadamente debería dar lugar al divorcio psíquico y emocional, con la elaboración psicológica positiva de la ruptura. Esto permite recobrar la autoconfianza y conseguir energía, independencia y autonomía. Son comunes comportamientos relacionados con una redefinición de la identidad, acomodación al nuevo estilo de vida, ayuda y apoyo a los niños para que puedan superar la situación, inclusive considerar la posibilidad de nuevas relaciones. Esta fase, cuando la pareja tiene descendencia, debería culminar con una despedida “sana” de la relación de pareja, un estado cognitivo/emocional de agradecimiento, la construcción de una nueva estructura familiar y una coparentalidad positiva que favorezca un sano desarrollo de los/as hijos/as. Sin embargo, el divorcio emocional no siempre se alcanza; entre los factores que lo pueden impedir destacamos cómo se ha tomado la decisión de la ruptura (conjuntamente o unilateralmente por parte de uno de sus miembros), así como el modus operandi de gestionar las cuestiones legales (a través de mutuo acuerdo o contenciosamente). Si uno o ambos progenitores no llegan a un sano divorcio emocional la parentalidad y la coparentalidad positivas quedan seriamente obstaculizadas y en ocasiones, impedidas.

 

 

Fuente:  Guía de criterios de actuación judicial en materia de custodia compartida 

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