El divorcio y la mediación familiar: Todo un éxito!

El sistema legal en España está experimentando un proceso de convergencia con los países de nuestro entorno en cuanto a las formas de resolver los conflictos familiares. De entre las medidas que recomienda el Consejo de Europa  destaca la implantación de la mediación como método cuyos resultados han sido en muchos casos de notable éxito, sobre todo en los países anglosajones. En este sentido, una de las principales novedades en España fué la Ley 5/2012 de trasposición de la Directiva CE/52/2008 de Mediación en conflictos civiles y mercantiles. Para la implantación de esta metodología como elemento auxiliar de la justicia se dispone ya en España de una amplia experiencia en la mediación en los conflictos familiares.

Quisiera en este post exponeros lo que  ha aportado la mediación en los juzgados de familia desde la Ley 15/2005.

Me gustaría situar el punto de partida en resaltar algo que aunque parece obvio a veces se nos olvida, y es que los conflictos en el derecho de la familia y en el derecho de la persona afectan de una manera muy singular a las condiciones de vida de los ciudadanos, los cuales que se ven envueltos en ellos, bien de manera voluntaria o involuntariamente, y suelen ser de una complejidad que excede en mucho al  propio ámbito jurídico.
La dimensión emocional existente en las relaciones paterno-filiales, las cuestiones económicas, e incluso la repercusión social y el impacto en la familia extensa, exigen un tratamiento multidisciplinar  de estos acontecimientos tan trascendentes para muchos de nuestros ciudadanos.
Es un grave error, que está muy sólidamente implantado en nuestra cultura, que el cauce habitual para procurar dar una solución a estos conflictos sea la del litigio judicial de la confrontación ante los tribunales de justicia. Para muchas personas esto implica un trauma vital de tal calado y trascendencia que condiciona y marca toda su vida de forma muy negativa y, lo que es más grave, es generador de unos sentimientos de rencor y odio que perjudican gravemente a los hijos, a las propias personas que los generan, a sus economías y al desarrollo de sus vidas futuras.

Es incuestionable, a día de hoy que la mediación se sitúa en el ámbito familiar como el instrumento más útil para gestionar este tipo de conflictos en la búsqueda de una salida diferente a la que se basa  solo en la racionalización de lo que ha ocurrido y  parte de búsqueda común de superar lo que ha acontecido de una forma positiva, mirando siempre la manera de mejorar la vida de quienes han sufrido directamente un divorcio así como la de sus hijos y allegados.

Las negociaciones previas conducidas por los abogados, juegan un importante papel, como se pone de manifiesto con el incremento de procesos consensuados, pero no obstante son insuficientes. Existen muchos casos en los que las partes no negocian previamente, puesto que el ciudadano puede percibir que proponer o aceptar un proceso de negociación es un signo de debilidad.

De hecho, muchos compañeros abogados tienen  aún desconfianza hacia la mediación, puesto que es
una metodología ajena a nuestra tradición jurídica. Existe un cierto temor por los propios abogados a la desigualdad en la negociación, y un claro rechazo a la misma por parte de quien ostenta las ventajas del «status quo» respecto a la custodia de los hijos, la posesión de la vivienda, o la gestión del negocio familiar. Con más frecuencia
que lo que sería deseable, desde el punto de vista psicológico, se acude a la justicia con ánimo vindicativo, con la convicción de que va ser saciada la sed de venganza frente a quien se considera que ha obrado injustamente, sin
reflexionar en que la respuesta que puedan dar los tribunales puede frustrar tales expectativas.

Hoy mi post contiene un alegato final, fruto de mas de 25 años de ejercicio profesional  y es que a pesar de las iniciales reticencias de un sector de la abogacía, nadie ya  pone en cuestión que actualmente  en el ámbito del derecho de familia la mediación es, generalmente, la metodología más adecuada frente a la confrontación judicial clásica para un gran número de casos. Es también el más eficaz preventivo contra la violencia de género. Ofrece mayor rapidez, adaptabilidad a las circunstancias y condiciones de las partes y puede preservar las relaciones entre los ex cónyuges, con especial trascendencia en la salud mental de los hijos comunes.

Animo desde aquí a todos a resolver nuestros conflictos familiares y personales desde el angulo de la mediación y no desde el angulo de la confrontación mas propio de épocas pasadas

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